La Madrugada del Viernes Santo contada por Juan Luis Triguero Soriano.

AUSENCIA

“La ausencia prolongada se convierte en vacío. En esta ausencia de dos años ya, sólo nos queda el sustento de la Fe y la Devoción. La Fe y la Devoción en Alcalá tienen un nombre: Nuestro Padre Jesús Nazareno”

Cuando este próximo Viernes Santo las campanas de la torre de Santiago El Mayor anuncie las Dos de la madrugada, se habrán cumplido dos años sin madrugada santa en Alcalá, dos años sin recorrido silente de Nuestro Padre Jesús Nazareno por las calles de Alcalá, tan sólo roto por el sonido del ronco tambor de la Judea anunciando muerte. Dos años sin prendimiento bajo el puente de Jesús Nazareno a las “claritas del día”, sin “carreritas” de San Juan en el Calvario, sin ceremonia del encuentro, y sin regreso triunfal bajo lluvia de pétalos de María Santísima del Socorro por la calle Herreros. Dos años es demasiado tiempo para quien vestimos la túnica negra de cola con cinturón de esparto de la Hermandad de Jesús de Alcalá, dos años sin sentir la emoción de escuchar los aldabonazos del capitán de la Judea que inician el descerrajo de las puertas de Santiago para que la Cruz de guía de alce e indique el camino del Calvario, tras la cual todo un cortejo procesional labrado por la tradición de cuatrocientos años de historia inicie su estación de penitencia. Dos años sin encerrarse en esa capilla íntima y esencial que supone el antifaz negro con Cruz de Jerusalén al pecho para que a través de sus ojos entre todo el despertar de la primavera alcalareña que alcanza su cenit en el alba de la mañana del Viernes Santo cuando el trinar de pájaros son la única música celestial que acompaña al drama del prendimiento del Nazareno de Alcalá bajo los arcos del puente que lleva su nombre. Estación de Penitencia que nos devuelve a la ilusión de la infancia en la mañana del Jueves Santo cuando la espera se convierte en emoción con el discurrir de las horas; al ímpetu de la juventud cuando salimos de la parroquia de Santiago al silencio de la madrugada; ímpetu que nos lleva a la formalidad de la madurez con el discurrir por las calles del centro a lo largo de la madrugada; y a la nostalgia de la madurez, plenitud de la vida, en el regreso de mañana por la calle Herreros, cuando el pensamiento te hace la inevitable pregunta… “estaré aquí el año que viene…? “ Estación de Penitencia que se convierte en toda una metáfora de la vida. Confiemos en la Divina Gracia, para que con la ayuda y colaboración de todos y los remedios científicos, superar este doloroso trance que nos ha tocado vivir. Con el recuerdo permanente de todos los que se fueron, y con la ilusión puesta en la Semana Santa del 2022 en que de nuevo vivamos con intensidad una jornada de Jueves Santo que sea el preludio de una nueva Madrugada de Viernes en la que volvamos a sentir la emoción y la devoción de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima del Socorro, para que la nostalgia y el recuerdo dejen paso por fin a la memoria recién recuperada.

Juan Luis Triguero Soriano
Diputado de Caridad
Oficial de Junta de Gobierno de Ntro. Padre Jesús Nazareno

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