UN 6 DE ENERO DE ETERNA CARIDAD

Cada vez que pase un año y vuelva, otra vez, el 6 de enero, el día de Reyes, me va a resultar imposible no pensar y no emocionarme cuando vuelva a ver a los Reyes Magos de la Cabalgata Reyesilos disfrutar y hacer disfrutar a los más pequeños y a los no tan pequeños en un día mágico que ya ha quedado grabado en mi memoria para siempre.

Quedarme con un solo recuerdo de ese día es muy difícil; fueron tantas las vivencias que las guardo en mi corazón en uno de  los lugares más privilegiados.

   Fue un día muy intenso vivido con la gente que quiero y que ese día me demostró que me quiere.

   En las primeras horas en casa, con los preparativos, todo eran nervios; gente entrando en casa, mi Julia por allí queriendo abrir los regalos que la noche anterior habían dejado los Reyes Magos, maquillaje, más gente entrando para ayudar en lo que fuera posible, más nervios…hasta que llega ese momento en que sientes que no hay marcha atrás, te visten, te colocan la corona…y a disfrutar y hacer disfrutar a los demás de esa magia del 6 de enero. De un recuerdo en casa me quedo con la foto con mi mujer y mis niños, todos “ataviados” para disfrutar de un gran día.

   Después de pasar por casa de mis padres, de obligado cumplimiento, ya que allí pasé más de 30 años de mi vida y allí me hice del Rey Baltasar en 2012, salimos para la sede de la Cabalgata; al llegar allí otro momento mágico, otro momento para el recuerdo, entrar en la sede y encontrarte con todas las personas que en los últimos meses has visto en innumerables ocasiones y que te demuestran su cariño en ese día tan bonito; Estrella, Reyes, junta directiva, amigos…todos partícipes de ese gran día.

   Empiezan las visitas y nos encaminamos hacia la primera, y para mí, la más emotiva y entrañable; le doy las gracias al Señor por darme en ese ratito en la Parroquia  Inmaculada la tranquilidad suficiente para recordar, a día de hoy, todo lo vivido allí con total intensidad y emoción. Desde la llegada con toda la feligresía en la puerta, mis compañeros de Cáritas, Hermandades…una emoción indescriptible. Momentos para recordar eternamente fueron la llegada ante el Santísimo y arrodillarme ante Él, las emotivas palabras de nuestra directora, merecidísimas, hacia nuestro grupo de voluntarios, la visita a nuestro Patrón San Mateo y, sobretodo, la visita a la capilla ante nuestros amantísimos titulares, aquellos a los que tantas y tantas veces les he pedido y los que tantas y tantas veces me han escuchado y a los que ese día podía rezar cumpliendo uno de los sueños de mi vida.

   Hubiera estado allí mucho más tiempo, pero teníamos que seguir con las visitas. Fuimos a visitar a nuestra Patrona, la Virgen del Águila, Hermandad que año tras año colabora con nuestro Proyecto Samuel. Y seguimos con la visita a San Juan de Dios, otra visita emotiva y llena de recuerdos; allí, en San Juan de Dios, te sientes pequeño, te sientes como uno de ellos, te pones en la piel de los jóvenes y no tan jóvenes y te das cuenta deque las cosas en la vida que para ti tienen toda la importancia del mundo, realmente no la tienen y que lo que de verdad importa en la vida es eso, vivir.

   Una última visita a la residencia geriátrica Cristo de la Salud donde nos esperan esas personas mayores con los ojos llenos de esperanza, ilusión y salud. Y vuelta a la sede para volver a encontrarte con esos amigos y familiares que te están esperando. Nervios a flor de piel, emoción contenida, algunos recuerdos que te vienen a la mente…y el momento de subir a la carroza.

   Lo había pensado muchas veces y salió tal y como lo había imaginado, por eso me siento tan feliz. Un abrazo eterno, a pie de escalera, con mi Rey Baltasar, con mi hermano, con la persona que me dijo “sí” cuando estaba más cerca el “no”, y al que le tengo que agradecer tantas y tantas cosas. El abrazo con mis pajes; con mis pajes no, con mis pies y mis manos, con esa mujer que me ha hecho hombre y que me hace feliz y con la que he formado una maravillosa familia y con mi amiga, mi confidente, mi directora, mi voluntaria favorita. Y el abrazo con mi Estrella de la Ilusión, con esa que el 6 de enero de 2020 dijo aquellas palabras que a los dos años se han hecho realidad.

   Y llega la salida y llega la emoción; es cierto lo que mucha gente comenta, que “se pasa muy rápido”, pero intentas vivir todos los momentos con intensidad. Al recordar esas 3 horas y media por las calles de Alcalá, eso 210 minutos de auténtica locura, me quedo con la cara de los niños cuando cruzas la mirada con ellos y se te quedan mirando fijamente, me quedo con la cara de agradecimiento de los padres por el gesto que has tenido con su hijo, me quedo con el disfrute de todos los beduinos, me quedo con el trabajo de amigos, compañeros y familiares, me quedo con la llegada a la sede…son tantos y tantos recuerdos que es imposible quedarse sólo con uno.

   Cuando ya todo termina y te sientes el más feliz del mundo, sólo tienes tiempo para dar las gracias al Señor y a su Bendita Madre por permitirme vivir ese día.

 

Julio Pinto Montero


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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