Se consumó el sueño… la Virgen salió.

Parecía un sueño inalcanzable después de todo lo vivido, los días previos apenas asimilábamos lo que iba a acontecer el pasado 14 de mayo, ese día la Virgen salía a la calle.

Un año más, sus jóvenes engalanaron las calles por donde la Santísima Virgen del Dulce Nombre se pasearía, a excepción del tradicional arco, que se encuentra en proceso de recuperación tras los hechos acontecidos en 2019.

En torno a las ocho de la tarde, Nuestra  Señora cruzaba el dintel de la puerta de San Sebastián, con la luz del sol reflejada en su rostro y una suave brisa acariciando sus pestañas, en un estallido de color, algarabía y lágrimas de emoción por volver a ponerse en la calle la que es Reina de la Caridad, al compás de A mi Blanco y Dulce Nombre. Exornada de flores de manera magistral, la Virgen avanzaba por la calle San Sebastián, decorada con guirnaldas de flores blancas y amarillas, donde, de manera espontánea, fue recibida por vecinas de la calle con una petalada.

Llegando a la Almazara, una alfombra de rosas realizada por miembros del Grupo Joven la esperaba, rosas rojas de ese color que simboliza la caridad que abandera esta Hermandad, creando uno de los momentos más esperados de la procesión. Tras salir de la cuajada alfombra de flores, reviraba la Santísima Virgen hacia la calle Mairena, destacando el exquisito trabajo de la cuadrilla de costaleros y capataces, haciéndonos partícipes de la deliciosa maestría con la que trabajaron la marcha.

Por la calle Mairena, el trasiego del gentío, el ir y venir de quienes buscaban a la Virgen fue permanente, siempre acompañada de alcalareños y visitantes que no dudaron en acercarse a nuestro pueblo a disfrutar con Ella. En cada casa que se la necesitaba, la Virgen se paraba y se giraba; si no puedes ir a ver a la Virgen, la Virgen siempre irá a ti.

Cae la noche y la cofradía alcanza la plazuela, donde tradicionalmente la espera la imponente alfombra de sal que también su Grupo Joven había realizado, destacando este año en ella las letanías “Reina de la Paz” y “Fuente de Salud”, ambas muy presentes en este momento que atraviesa nuestra sociedad. Momento siempre emotivo, ver cómo sólo Ella pisa aquello que con tanto esfuerzo y mimo hacen sus niños.

Llegando a la Plaza Cervantes, revirando hacia La Plata, la procesión se torna íntima, recogida, y, sin embargo, la Santísima Virgen iba más arropada que nunca. Una calle a reventar de espectadores que disfrutaron de la versión más solemne y elegante del procesionar de Santa María del Dulce Nombre, en la que todo murmullo que se escuchaba, eran alardes y piropos hacia Ella.

Alcanzando la calle Sol, el ánimo de la cofradía vuelve a tornarse en expectación y algarabía por la proximidad de su calle, la calle de la Virgen, Pérez Galdós, o calle Hartillo, para los alcalareños más tradicionales y nostálgicos. Allí la espera un mar de gente para disfrutar de todo el derroche de amor que allí su hermandad le entrega. A mi Blanco y Dulce Nombre suena, sorprendiendo al espectador con su versión cantada por todo los miembros de la hermandad, como ofrenda a Nuestra Señora, generando probablemente uno de los momentos más emotivos vividos el pasado sábado 14 de mayo, hasta alcanzar su Casa Hermandad en un delicado andar de Reina.

Y de repente, al romper la marcha Campanilleros, interpretada majestuosamente por la sevillana Banda de la Cruz Roja, estalló una lluvia de pétalos que colmó a la Santísima Virgen durante toda la calle, acompañada de aplausos y vítores, convirtiendo a la calle de la Virgen, un año más, en el epicentro de todas las emociones más hermosas que Ella nos despierta.

Y tras un momento tan apoteósico, la Virgen se encamina de nuevo hacia su iglesia, en la oscuridad de la noche, iluminada con la cálida y tenue luz de sus velas, acompañada por la luna y la espadaña de San Sebastián al fondo. Subiendo su rampa, todo se hace vacío alrededor, permaneciendo tan sólo Ella, que vuelve a brotar en estallido de fervor al entrar en el templo con su marcha cantada Reina de Caridad. La procesión se acaba y se ve en el brillo de los ojos de todos sus devotos que aguardan en silencio el momento en que la Virgen, en una entrada que supera toda expectativa por lo menguado de su acceso, se adentra en su capilla. Con el corazón en el puño y las emociones a flor de piel, la Divina Ráfaga de Nuestra Señora cruzó el arco de medio punto con total maestría, rompiendo en aplausos toda la iglesia, poniéndose punto y final al sueño que se hizo realidad.

Ahora, a menos de un año de poder disfrutar de este momento nuevamente, aún nos lamemos los labios para seguir reviviendo la dulzura que tan espectacular día nos regaló Santa María del Dulce Nombre.

Volvemos a soñar con un sueño que volverá a hacerse realidad, porque Ella, que nos hace creer que nos lo ha dado todo, siempre nos da más.

¡Viva Santa María del Dulce Nombre!

Cronica Dulce Nombre: Paloma Castillo Gonzalez

 

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