El Relato Cofrade de Alcalá Noticias Portada

No solo son pasos

Son muchos los sentimientos y emociones que hemos tenido que aprender a gestionar en estos duros tiempos.

Pensamientos, sensaciones, ese grito que se escapa y ese abrazo que no puede darse. Nuestras mentes y nuestros corazones han tenido que aprender a suplir esas carencias, no sé si con la esperanza de volver a vivir de manera normal o aferrándonos a los recuerdos de otros tiempos pasados que en este caso sí que fueron mejores. Una nueva normalidad dicen los entendidos, en la que se nos están arrebatando vivencias y hasta la posibilidad de formar nuevos recuerdos. Supongo que las personas como yo, que como siempre digo: “me gusta vivir en color Sepia” nos aferramos a esos recuerdos de infancia y juventud como si de un clavo ardiendo se tratase. Esas primaveras de incienso, esos resplandores de sol y potencias en una esquina cualquirea, esa luz de luna y candelería en una madrugá más. Pasarán mil años pero ahí seguirán nuestras imágenes, congeladas por el tiempo, inmortalizadas por la materia y por lo espiritual. Crecemos, envejecemos y morimos aprendiendo a querer a esas imágenes que por su atemporalidad, nos transportan al pasado cada vez que las podemos contemplar. El ver a la Oliva entrando en la plazuela de la mano de mi madre, el ver a mi hermano Joaquín vestirse de costalero para sacar la Oración, esa subida al calvario de la mano de mi abuela, la emoción contenida de mi padre al oír una de mis saetas, ese brillo de los instrumentos de mis hermanos Antonio y Mercedes iluminados por el sol de una tarde de viernes Santo. No Señores, no sólo nos faltan los pasos en la calle sino muchas cosas más que todo aquel que no ve más que pasos en la calle, no entendería ni aunque mil veces naciera. Nos faltan olores, sabores, colores, sonidos, emociones y sobre todo….esas nuevos momentos que de manera inevitable te conectan con ese pasado y esas vivencias que te forjaron como persona y como cofrade.

Y la musica…. Si hay algo atemporal e inmortal, no nos quepa duda que es la música. Esa que he vivido desde que tengo uso de razón desde que mis hermanos formaban parte de nuestra Banda de Música de Alcalá. Después, esa portada con nazarenos blancos de ese primer disco de Tejera que entró en mi casa, ese “raspajeo” de la aguja del tocadiscos y que yo imaginaba como ese bombo y platillo, preludio de esa marcha que sonaría de manera inminente.

Esta última cuaresma, hemos tenido la suerte de disfrutar de algunos conciertos, algunos certámenes de saetas o incluso algunos pasacalles en los que el discurrir de la banda y el sonido de la música nos hacía recordar muchas “revirás” pasadas a la vez que nos ayudaba a soñar con otras muchas venideras.

Uno de los momentos más intensos y emotivos para mi persona, fue  en la puerta de San Sebastián. Si hay una marcha que me transporte al pasado, esa es Amarguras.

A través de la negrura de mis ojos cerrados, resurgía el llamear de una candelería. Podía incluso escuchar el susurro de San Juán entre compás y compás. Por un momento, pude ver a mi hermano como cada Jueves Santo, con su cámara a cuestas e inmortalizando cada momento de dolor y emoción.

Al abrir mis ojos, las lagrimas fueron desdibujando esas imágenes salidas de mi alma más que de mi mente.

Ese último compás apoteósico de la marcha, sonó como ese último martillazo: “Ahí Queó”

Y sí…..ahí quedó ese pensamiento, aquí quedaron esas imágenes del recuerdo y verdaderamente sentí que ahí me pude despedir de mi hermano.

Ahí quedaron esos días de capirotes rojos, de estampitas y almendras, ahí quedaron los ensayos, la imagen de mi madre planchando una túnica, las caras de los niños con su papeleta de sitio recién sacada y su capirote de cartón. Ahí quedaron esos días en los que los cofrades y creyentes podíamos salir en masa a la calle, sin censura ni complejos.

Ahí quedó la posibilidad de sentir sin tener que conformarnos con el reflejo de cosas ya sentidas.

Por eso y por tantas cosas que me dejo en el tintero, no sólo son pasos en la calle, no sólo son exornos florales o marchas. Son como eslabones de nuestro propio ADN. Son aquellas cosas que cada año se convierten en distintas pero que vivimos con la misma intensidad y la misma ilusión que cuando éramos chiquillos.

No sólo son pasos en la calle…..pero….no todos  tienen la suerte de  entenderlo.

Jesus Navarro Muñoz

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