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Jesús Gandul opina sobre las Hermandades en Pandemia

Dentro de poco comenzará el curso escolar y por supuesto un nuevo curso cofrade, donde ya se estarían empezando a limpiar la plata y los enseres en todas nuestras priostías.

Todavía tenemos el amargo regusto de los dos años anteriores, y parece que estamos previendo un negro año venidero. Vivimos en un tiempo difícil. Lo hacemos con la más insana de las incertidumbres y en la más terrible inopia. ¿Volveremos a ser lo que fuimos? ¿Volverá la Semana Santa de ayer a ser la misma mañana? —Quién sabe—.

Vemos las playas repletas de bañistas, sus chiringuitos copados de gente sin mascarillas y abrazados bajo los efluvios del dios Baco haciendo caso omiso a las indicaciones sanitarias. Los estadios de fútbol hasta la bandera, conciertos, eventos culturales y deportivos y un largo etcétera masificados y sin temor alguno al virus. Que sí, que yo soy el primero que me alegro de volver a tener cierta relajación y poder disfrutar de cierta libertad. O no, según se mire. Porque al cristiano de a pie, y en este caso en particular al cofrade, le ha, o nos ha tocado la dura tarea de saber a ciencia cierta qué: sufriremos un calvario en la tierra, menor que el que sufrió Él, pero lo haremos. Hemos de aceptar nuestra cruz y seguirle como bien dijo hace dos mil años. ¡Pues menuda cruz nos ha tocado vivir, Señor! Ya que hoy en día proclamarse cristiano es sinónimo de terrorista para algunos y de pederastas para otros. Aparte de ser un desagravio para una gran parte de la sociedad.

El que volvamos a lo de antes, dependerá de los gobernantes de turno, de las autoridades eclesiásticas, o de la mano de Dios que es el alfa y el omega de todo. Mientras tanto, debemos como buenos seguidores de Cristo aguantar esta pesada carga. Es cierto, que estamos bastante hartos y algo “quemados” y que iremos con más resignación que otra cosa a las renombradas veneraciones, cultos y misas de hermandad. Pero nunca hemos de olvidarnos la cantidad de muertos y de desolación que ha provocado esta maldita pandemia. Debemos ser, como dijo don Bosco: buenos cristianos y honrados ciudadanos, y ser ejemplares y ejemplarizantes. No debemos dejarnos llevar por el resentimiento y menos aún por sentimientos hostiles como el rencor, la envidia o la ira.

Ya llegarán tiempos mejores. Sones de cornetas y de tambores, olor a incienso y a azahar en los que disfrutaremos con total tranquilidad y absoluta normalidad de lo que más nos gusta, el haber paseado a nuestros titulares dando muestras de fe y haciendo catequesis viva por nuestras calles de nuestro pueblo. Porque si alguno no lo sabe o ha perdido el norte…Al final de eso es de lo que se trata.

Jesús Gandul

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