EL TIEMPO SOÑADO

Encarando enero, quedan atrás sones de cabalgatas y ya huele a incienso. La cuaresma dura 40 días, que aquí se tornan los meses que abarcan desde el 7 de enero al Domingo de Ramos.

Sin embargo, estamos viviendo la cuaresma más larga de nuestras vidas, ya van dos años y, por fin, parece que culminará pronto, que la espera forzosa por fin se acorta, que este año tendremos Semana Santa.

Ver anunciados cultos, igualás, actos cofrades… las tardes cada día más largas, la luz cada vez más cálida. Todo parece que volverá a su ser, volveremos a los vía crucis, pregones y traslados, a ver salir nazarenos rojiblancos y palmas el Domingo de Ramos. Algarabía por las calles, olor a azahar y algodón dulce, la cera cubriendo los adoquines, niños correteando por la rampa de San Sebastián y Alcalá palpitando de nuevo.

No se trata de folclore ni superficialidad, es nuestra manera de vivir la fe, haciendo bandera de nuestro carácter, nuestra alegría por vivir en tierras de María Santísima, nuestra forma de disfrutar lo que sentimos parte de nosotros mismo, nuestra vida misma.

La espera se acorta y el sueño, que tan solo se empieza a materializar, ya se acerca. Se palpa la esperanza de que volveremos a vivir aquello por lo que esperamos todo el año. Jesús volverá a bajar de su camarín el miércoles de ceniza y volveremos a pisar bajo un antifaz negro el húmedo albero del Calvario en la Mañana del Viernes Santo. Con Él todo empieza, aunque nunca acaba, porque esta forma de vivir no son solo unas semanas, es la vida entera.

Este año sí, todo apunta que volveremos a vivir la muerte y la resurrección que nos dan la vida, como solo nosotros sabemos vivirlo. Que la mascarilla sea el único elemento que marque la diferencia. Ya es la hora del tiempo soñado.

 

 

Paloma Castillo Gonzalez


 

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