El Domingo de Ramos por Ana Torreño

De nada vale añorar el pasado. Lo vivido, permanecer en el recuerdo. Este año, de nuevo, no habrá procesiones pero, como siempre, será diferente al año anterior. Y gracias a Dios. Este año no habrá túnicas colgadas en cualquier mueble de casa. Ni habrá retranqueo. No habrá listados de nazarenos en el patio. No habrá un gran olivo, aunque este año lo hayamos podido soñar con nuestro altar. No habrá tantas flores, ni rosarios en los varales. No veremos nazarenos, ni monaguillos, ni costaleros. Pero, ¿y qué? No podremos disfrutar viendo el palio en la capilla o al Señor en su paso pero, ¿y qué? No habrá procesiones pero sí Semana Santa. A diferencia del año anterior podremos ir a la Capilla, rezarle desde cerca, sin tener que hacerlo a través de una pantalla. Será diferente, sí. Pero no por ello menos especial. Podremos asistir a la Eucaristía Preparatoria el Sábado de Pasión, donde daremos la bienvenida a los nuevos hermanos. Podremos asistir a la Misa de Palmas en la mañana del Domingo de Ramos y disfrutaremos de la oración propuesta por el Consejo de Hermandades de nuestra Ciudad. Podremos permanecer en la Capilla toda la mañana, disfrutando de ellos y Haciendo Hermandad. Y, por la tarde, a la misma hora que realizaríamos nuestra Estación de Penitencia, celebraremos un especial y emotivo Via Crucis. No habrá procesiones, pero viviremos un Domingo de Ramos intenso, especial y personal, dándole gracias al Señor de la Oración y a la Virgen del Rosario de que, un año más, estamos aquí, acompañándoles compartiendo momentos. Aunque no sea de nazareno, pero será un Domingo de Ramos del que estoy segura que no podremos olvidar.

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