CUANDO ÉL QUIERA

Ha sido una espera tan larga…que aún seguimos esperando. Pasan los días…y aún seguimos esperando.

   No ha podido ser este Martes Santo. ¿Será el 4 de abril de 2023? ¿Será el 26 de marzo de 2024? Será…será cuando ÉL quiera.

   Las previsiones meteórologicas no eran nada halagüeñas desde los días previos al Martes Santo; desde una semana antes, era el “peor día”, meteorologicamente hablando, de toda la Semana Santa. Pero creo que todos en nuestro corazón guardábamos esa esperanza, ese anhelo de que todo cambiara al acercarse nuestro día grande.

   Y llegó ese día y fue un día raro, extraño, diferente. En la visita por la mañana a la Parroquia se percibía que no era un Martes Santo “habitual”; caras menos alegres que de costumbre, cruce de miradas con hermanos donde se podía comprobar la resignación, algunas lágrimas de hermanos a los que intentas consolar y alentar con palabras de ánimo, palabras que quizás le sean válidas para ellos pero para ti no lo son. Y te marchas con el firme propósito de que, cuando vuelvas, te vas a poner delante de tus titulares con otra predisposición, con otro ánimo.

   Te empiezas a preparar para ir a la Parroquia y ves esa túnica que como un día dijo nuestro hermano Claudio Hoyos, “esa túnica que nos iguala”, y ves la ropa de escolanía de tus hijos y recuerdas que tu pequeño Manuel se “estrena” con tan sólo seis meses de vida y piensas que todo va a salir bien y que sí, que sí crees que el Señor va a querer salir.

   Y llego a la Parroquia y hago lo mismo que todos los Martes Santo; coincido con algunos hermanos en la puerta, esperamos unos minutos para entrar y, una vez dentro, una oración ante nuestros titulares antes de dirigirme a la puerta para recibir al resto de hermanos; este año, con la premura de tiempo, esa oración no la pude hacer hasta unos minutos antes de las 17:00 horas durante la misa preparatoria y fue ahí, al mirar a ellos, donde comprendí que ese Martes Santo iba a ser diferente.

   Pasados unos minutos de la hora prevista para la salida de nuestra Estación de Penitencia, nuestro Hermano Mayor comunicaba la acertada decisión de suspender la salida procesional; a continuación tuvimos unos minutos de meditación ante nuestros titulares y nos marchamos a casa para “despojarnos” del hábito nazareno porque, aunque estaba lloviendo, seguía siendo Martes Santo. Unos minutos después, volví a la Parroquia para pasar el resto de la tarde con los hermanos; allí con ellos, percibes el verdadero sentido de la palabra “Hermandad”. En aquellas horas todos somos iguales, todos somos hermanos, todos compartimos una misma devoción, ser hermanos de la Hermandad del Perdón.

   Y unas horas después, justo en el horario en el que ya deberíamos haber rendido visita a nuestras hermanas clarisas, nos despedimos de nuestros titulares con el firme propósito de volver a encontrarnos pronto, muy pronto, en un Martes Santo para recordar el resto de nuestras vidas.

 

Julio Pinto Montero


 

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