1092 DIAS DE PERDON

 

Que lejano vemos ya aquel martes 16 de abril del año 2019 cuando, metidos en una hora y poco del Miércoles Santo, se cerraban las puertas de la Parroquia Inmaculada una vez que Nuestra Señora de las Angustias, la reina no sólo del Martes Santo sino de la Semana Santa de Alcalá, hacia su entrada después de una larga estación de penitencia que, una vez más, nos había llevado al convento de nuestras hermanas clarisas.

Que cercano vemos ya el próximo martes 12 de abril del presente año cuando, de nuevo, y como marcan las tradiciones de nuestros mayores, los hermanos del Perdón volvamos a hacer pública muestra de fe por las calles de Alcalá llevando perdón a todos y cada uno de los hogares de nuestra ciudad y aliviando esa angustia que sienten tantas y tantas personas necesitadas de cariño y compañía en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Ha sido una espera de casi 3 años; en este tiempo he podido reflexionar y darme cuenta de cuánto se puede añorar un Martes Santo “tradicional”, se ha hecho presente en muchas ocasiones en mi aquella frase que dice “uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde”. Y creo que es muy cierta esa frase, creo que a partir de ahora, y teniendo en cuenta los acontecimientos vividos en estos años, vamos a valorar mucho más momentos de nuestra vida a los que antes apenas prestábamos atención y que añoramos cuando no los podemos vivir.

Toda esta Semana Santa va a ser especial, muy especial, claro que sí, la vamos a vivir con muchas más “ganas” que como lo hacíamos habitualmente; a modo particular, y aunque hago más de una estación de penitencia, mi día es el Martes Santo y la Hermandad del Perdón. Para mí no hay Semana Santa sin Martes Santo, y como dice mi cuñado Paco “la Semana Santa termina cuando el Martes Santo se cierran las puertas de la Inmaculada”.

Este Martes Santo va a ser un día de vivencias y de recuerdos; para los que, por circunstancias de la vida y del momento presente, estamos un poco más alejados del día a día de la Hermandad, realizar una estación de penitencia supone volver a encontrarte con hermanos a los que sólo vez cada Martes Santo, supone guardar en tu memoria momentos únicos como esa oración ante los titulares minutos antes de comenzar la estación de penitencia, supone ese rezo constante a lo largo del recorrido recordando que eso mismo que le pides a diario en su capilla en la parroquia, se lo vuelves a pedir pero “caminando” con ellos por las calles de Alcalá y más si cabe con ese “regalo” que nos llegó el pasado mes de octubre con el nacimiento de mi pequeño Manuel y con esa “mano” puesta en su cuerpo hace unos días para superar una difícil situación, supone ese abrazo infinito con familiares y amigos una vez cumplimentada la estación de penitencia, supone esa última oración, casi a solas con ellos, antes de emprender el regreso a casa para soñar con un nuevo Martes Santo y te despides diciendo “mañana nos volveremos a ver”, supone tantas y tantas cosas…

Y cuando todo finalice, regresaremos a casa para soñar y recordar cómo ha brillado el dorado del paso del Santísimo Cristo del Perdón camino del convento de Santa Clara o cómo han lucido las bambalinas del paso de su Bendita Madre, Nuestra Señora de las Angustias, y, sólo en ese momento, empezaremos a descontar fechas en el calendario a la espera de un nuevo y eterno Martes Santo.

 

Julio Pinto Montero


 

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